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YRIGOYEN Y LA SEMANA TRÁGICA. REFUTANDO A FELIPE PIGNA

 

La verdad sobre la Semana Trágica de enero de 1919,por Diego Barovero y Fernando Blanco Muiño (Instituto Nacional Yrigoyeniano)

Para refutar los sesgados y falaces comentarios vertidos en el programa de Felipe Pigna “Algo habrán hecho por la Historia Argentina” emitido por Telefé nos referiremos a continuación a uno de los acontecimientos más controvertidos de la presidencia del doctor Hipólito Yrigoyen. Los hechos acaecidos en Buenos Aires, durante la denominada Semana Trágica de enero de 1919.

Dichas circunstancias fueron abordadas de manera parcial y tendenciosa por el mencionado programa, siguiendo una línea trazada por ciertas corrientes historiográficas que han elegido hacer referencia exclusivamente a los aspectos vinculados con la represión de los huelguistas de los Talleres Vasena y de otros grupos obreros anarquistas involucrados en los hechos.

Sin embargo, el proceso es mucho más complejo y exhibe numerosas aristas que no son usualmente difundidas y analizadas con la artera intención de endilgar al presidente Yrigoyen una actitud antiobrerista y represiva, lo que pondría en evidencia una “actitud de clase” de su parte que no condice con la realidad de su filosofía y su accionar como gobernante.

Por el contrario, es imprescindible considerar como previo y determinante en relación a la problemática gremial que involucra a los trabajadores de Vasena el estallido de la Revolución Bolchevique en octubre de 1917 en Rusia (que desde febrero de ese año transitaba un proceso de paulatina democratización a cargo de las fuerzas socialdemócratas mencheviques que es boicoteada por Lenin y Trostky) y su indubitable influencia en los movimientos políticos y sociales de izquierda radicalizada del mundo – en este caso de la Argentina – que preferían exacerbar las contradicciones de manera de producir las condiciones objetivas para reproducir el clima de la revolución que ponga fin a la democracia burguesa y proceda a la dictadura del proletariado.

Esa tendencia entraba en franca colisión con los intereses de la derecha conservadora más reaccionaria, que aún resistía en el país las profundas reformas democratizadoras de Yrigoyen y que encontraba en el estallido social la excusa ideal para desatar su furia desembozada contra los sectores sociales más humildes y desposeídos de la sociedad a los que el presidente radical comezaba a procurar beneficiar mediante sus políticas reparadoras con el declarado propósito de que “bajo la bóveda de nuestro cielo no haya un solo desamparado”.

Volviendo al relato de los hechos que se ventilan, a comienzos de enero de 1919 los Talleres Metalúrgicos Vasena se encontraban en huelga y sus plantas de San Cristóbal y Nueva Pompeya se hallaban sitiadas por elementos pertenecientes a la Federación Obrera Regional Argentina (FORA) del V° Congreso, de matriz anarquista, propulsora de la violencia y la acción directa en el campo sindical.

Con el propósito de quebrar la huelga que paralizaba la actividad del establecimiento con sus consiguientes consecuencias económicas negativas, los propietarios con el apoyo de los núcleos empresarios y políticos del conservadurismo más rancio recurren a la contratación de personal que suplante a los huelguistas, los cuales al pretender ingresar al local son atacados a tiros por los activistas. Se desata entonces una represión feroz y los episodios arrojan un saldo de muertos y heridos de ambos bandos. El programa del mentado Pigna sostiene que no hubo bajas por parte de la policía de la Capital. Ello es falso, ya que en la primera refriega entre huelguistas activistas y fuerzas policiales, cayó muerto el cabo Vicente Chaves.

El presidente Yrigoyen en los primeros momentos de la crisis había designado a Elpidio González (ex Ministro de Guerra hasta septiembre de 1918) como jefe de Policía de la Capital instruyéndolo para que estableciera contactos con dirigentes de la FORA IX° Congreso, de tendencia sindicalista y escindida del movimiento antes mencionado que no propiciaba la violencia como medio político.

El Jefe de policía se reunió con Sebastián Marotta, secretario general de la entidad gremial y sentaron las bases del acuerdo: en las siguientes 24 horas la empresa Vasena aprobaría las mejoras solicitadas por los obreros y el gobierno dispondría la libertad de los detenidos por los disturbios. Como contrapartida, los huelguistas deberían desalojar el establecimiento ocupado.

Pero el plenario de la agrupación sindical rechazó de plano la propuesta oficial y las seguridades brindadas por González y decidió la continuidad de la huelga. Elpidio se hizo presente entonces en la misma sede de los talleres, procurando agotar la vía del diálogo y evitar consecuencias sangrientas, pero su autoridad fue desconocida por los manifestantes y fracasó su gestión. Debió retirarse casi escapando del lugar ya que los más exaltados volcaron e incendiaron su vehículo oficial ocasionando la muerte del custodio subteniente Antonio Marotta, otra víctima de las fuerzas del orden cuya existencia es negada por el guión del programa en cuestión.

La crisis llegó a su cenit cuando la patronal decidió recurrir a matones profesionales y grupos de acción directa organizados con lo más rancio de la reacción política local que produjeron episodios verdaderamente sangrientos en la ciudad de Buenos Aires, desatando su furia antisemita y xenófoba, de los cuales no es posible atribuir responsabilidad alguna al gobierno encabezado por el Presidente Yrigoyen.

Los hechos, tal cual son presentados por el programa de Pigna parecen destinados demostrar que la represión paralegal desatada por fuerzas como la Liga Patriótica Argentina fue tolerada por la mirada indulgente del presidente radical.

Contrariamente a ello, Yrigoyen, jugando por entero su condición de Jefe de Estado y de Comandante en Jefe de las Fuerzas Armadas que le atribuye la Constitución Nacional al Presidente de la Nación, desbordada que fuera la policía de la ciudad por el accionar vandálico y descontrolado tanto de los grupos de ultraderecha y vinculados a la patronal, como de los sectores más combativos del proletariado, puso la ciudad bajo la autoridad del Ejército como garantía de orden y paz. La responsabilidad del comando de restablecimiento del orden y la represión del delito recayó en un militar profesionalista de enorme prestigio en medios castrenses y de virtuosa subordinación a la autoridad constitucional, el general de división don Luis Dellepiane, posteriormente ministro de Guerra entre 1928 y 1930 en la segunda presidencia de Yrigoyen.

El accionar militar de las fuerzas comandadas por Dellepiane puso fin el 13 de enero a los luctuosos acontecimientos desatados desde el día 4, restableciendo el orden, la paz y la convivencia civilizada en la Capital de la República. El número de víctimas de los episodios de la llamada Semana Trágica es aún motivo de discusión. Los datos de la Policía indican que fueron 141 los muertos más de 500 los heridos. Julio Godio sostiene que las víctimas fatales fueron 40 sin precisar número de heridos. La prensa obrera indicó que los muertos superaron el centenar. Sin embargo, todas las fuerzas políticas y sociales de la República repudiaron los hechos de violencia perpetrados por uno y otro bando de la disputa desatada en esos días. Hasta el Partido Socialista, tradicional fuerza de carácter reformista y pacífica, condenó la violencia huelguista.

Para los trabajadores de Vasena, sin embargo, hubo una reivindicación en cuanto a sus reclamos y derechos. El presidente Yrigoyen forzó de la patronal la reducción del horario laboral de 11 a 8 horas, aumentos del jornal que oscilaron del 20 al 40%, del 50% en el caso de las horas extras y la reincorporación de los obreros cesanteados por la empresa. De esto, el señor Pigna no hizo referencia alguna dejando al descubierto así la felonía de sus argumentaciones falaces e incompletas.

La memoria de Yrigoyen, merece pues ser vindicada de la injusta diatriba

Instituto Nacional Yrigoyeniano

Fernando Blanco Muiño
secretario general

Diego Barovero
vicepresidente
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